Valencia de Alcántara ha sido
tradicionalmente un centro comercial de importancia en la región,
importancia que, a pesar de la desaparición de la frontera, sigue
siendo bien constatable en una
población que ofrece un importante número de servicios con un
marcado carácter urbano.
Sin embargo, Valencia de Alcántara
continúa basando gran parte de su economía en las actividades
agrarias, fundamentalmente la ganadería, que se beneficia, al igual que en el resto de la región,
de las subvenciones que provienen del ámbito autonómico, nacional y
europeo, siendo por tanto una indudable fuente de riquezas con una
proyección económica positiva si el mercado sigue demandando
productos ecológicos de calidad que contribuyan a generar un
desarrollo sostenible generador de riqueza y que no embargue el
futuro de un entorno natural con otras muchas potencialidades.
El sector industrial, por razones en las que se entrelazan factores
históricos y administrativos, ha tenido escasa importancia en una
población fronteriza con un importante peso funcionarial y
comercial. Esta debilidad del tejido industrial y empresarial está
intentándose vencer en la actualidad con medidas que favorezcan la
generación de iniciativa privada, las inversiones y la creación de
los deseados puestos de trabajo. La existencia de un amplio polígono
industrial, viveros de empresas y equipos técnicos de apoyo, junto a
la de una mano de obra local disciplinada y cada vez más
cualificada o la realidad emergente del mercado portugués, son los
pilares sobre los que, sin duda, se está asentando, con ayuda de las
administraciones, el futuro industrial de Valencia de Alcántara. De
hecho, el despegue en este sector, aunque de forma lenta, comienza a
notarse ampliamente en ámbitos concretos como la construcción o la
industria agro-alimentaria.
La importancia extrema de un sector como el industrial no esconde, sin
embargo, el carácter dinámico del sector servicios en Valencia de
Alcántara. Como ya señalamos, Valencia de Alcántara sigue siendo el
centro de servicios más importante de un extenso territorio
(comarcal e incluso interprovincial) sobre el que ejerce su
influencia.
Así, la diversificación de nuestra sociedad, marcada por el consumo,
ha provocado la proliferación de un relevante número de negocios
asociados a este sector, entre los que no debemos dejar al margen el
turismo, en sus vertientes rural y cultural, atraído por nuestros
considerables recursos patrimoniales y medio-ambientales.
A la puesta en valor de esos recursos puede contribuir también la
extensión de las nuevas tecnologías asociadas a la Sociedad de la
Información.
Así, el conocimiento por parte de empresarios y agentes económicos
de las nuevas técnicas de publicidad y gestión a través de las
nuevas tecnologías, así como el acceso libre de toda la población a
las mismas, son objetivos en los que se está trabajando de cara a
conseguir la competitividad y publicidad necesarias en un mercado
cada vez más globalizado que terminará por absorber también al mundo
rural.
Todo este conjunto de factores expuestos nos dibuja una población
con un futuro garantizado entre las grandes poblaciones de la región
en el que toda la sociedad trabajará unida de cara a aprovechar las
posibilidades que la situación económica pone a su disposición sin
perder por ello una calidad de vida que sigue siendo nuestra mejor
carta de presentación.