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Entre Septiembre y Noviembre, en la época de la
siembra, la alimentación debía de ser bastante
consistente, tomándose en el desayuno un buen
plato de migas y torreznos. A media mañana,
después de largas horas de trabajo duro, se
reponían con embutidos, queso y pan elaborado
artesanalmente. Estos productos se llevaban al
campo dentro de una fiambrera que colocaban en
el interior de las alforjas. Este tipo de
alimentación fría fue clave durante el siglo XIX
y varias décadas del siglo XX para los hombres
que utilizaron el contrabando como forma de
vida. Los famosos mochileros cambiaron las
alforjas por su mochila para llevar estos
alimentos durante varios días en sus largas
caminatas.
La comida habitual durante casi todo el año era
el cocido extremeño. Además de los garbanzos,
este plato se completaba con las sopas de pan
con el caldo del cocido. Las presas del cocido
(para el que pudiera tenerlas), tocino, carne,
morcilla de “cabeza”… se tomaban al final, o se
dejaban para otro momento.
Por la noche se tomaba el “mojo de patatas”, o
una sopa de tomate, de patatas o de ajo. Los
pobres tomaban como aporte de calorías, las
“gachas”, plato que se elaboraba en una sartén
donde se freían ajos y pimentón con manteca y se
mezclaba con harina apagada con agua.
El uno de noviembre, Día de los Santos, era
costumbre la degustación de nueces, almendras y
castañas. Ese día, es común que las personas se
vayan al campo a “asar las castañas”, a las
cuales se les hace un corte con un cuchillo y se
introducen en un recipiente de latón perforado
previamente y, a su vez, lleno de brasas para
tostarlas. Una vez tostadas, se pone a enfriar y
se comen.
En navidades, se mataba una gallina o un pollo
criados en el corral de la casa, en el tinao o
bien en el campo. Con los menudos se preparaba
una sopa de menudillos de primer plato. De
segundo plato se elaboraba la gallina o el pollo
en pepitoria. La sopa de almendra era también
muy frecuente durante estas fechas y se
elaboraban con almendras molidas, rebanadas de
pan fritas, leche azucarada y canela. Para
postres se elaboraban natillas, tijeladas (flan
de origen portugués), o arroz con leche.
Las matanzas caseras han formado parte de la
tradición familiar de Valencia de Alcántara, y
tenían el claro propósito de cubrir parte de las
necesidades alimentarias anuales, además de
estrechar los lazos familiares y de vecindad.
Estas matanzas comenzaban a mediados de enero,
aprovechando las heladas que mantenían mejor los
productos.
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La tarde anterior a la matanza se
reunían las familias y amigos para
pelar patatas, ajos y cebollas para
el día siguiente. También se migaban
unos cuantos panes duros en un
caldero con los que se preparaban
las migas con chorizo o torreznos el
día de la matanza a primera hora. A
media mañana y, una vez matado el
cochino y reconocida su lengua por
el veterinario, se tomaba un
tentempié a base de trozos de carne
hechos en la lumbre junto a quesos
caseros, aceitunas, miel, todo ello
bien acompañado por los vinos
caseros y el aguardiente.
Tras los quehaceres de picar la
carne y guisarla, unos se encargaban
de la máquina de embutir, otros
ataban con hilos las morcillas y los
chorizos, y algunas mujeres se
encargaban de lavar las tripas del
cerdo. A la hora de comer, se tomaba
arroz con hígado o costillas,
acompañado por un gazpacho de poleo.
También es plato típico de nuestras
matanzas las Papas Temblonas, que
consisten en manteca de cerdo
derretida, harina, azúcar, cáscara
de limón y canela.
Después de la comida se colgaban
las morcillas separadas según sus
guisos en las alacenas o despensas
de la casa. Para cenar era costumbre
tomar sopa de hígado con pimentón
cebollas, ajo y laurel. En estas
fechas era costumbre también
elaborar dulces caseros, en especial
roscas fritas. |
El día después de la matanza se salaban los
tocinos y jamones, y se elaboraban, los lomos,
los chorizos blancos y uno de los embutidos más
conocidos de Valencia de Alcántara, el buche,
que consiste en una vejiga del cerdo que se
rellena con un guiso a base de oreja, callos,
costillas y otros productos del animal
elaborados con pimentón. Este buche en unión de
las coles es uno de los platos más típicos de la
zona, y es tradicional comerlo el día de las
candelas, o el domingo de carnaval, junto a una
sopa de arroz que se elabora con el caldo del
guiso, y con un postre a base de arroz con
leche.
La tradición cristiana modifica con la llegada
de la Cuaresma, y en especial en Semana Santa
los hábitos de la alimentación. Con la
abstinencia de comer carne todos los viernes de
cuaresma y el Jueves y Viernes Santo, llegan a
la mesa los platos como el potaje de garbanzos,
espinacas, judías blancas y bacalao, el arroz
con patatas y bacalao, o el revuelto de acelgas
y patatas. En el desayuno pringadas fritas en
aceite de oliva, y para las cenas tencas fritas.
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Con la llegada de la Pascua, la
alegría y el júbilo también llegan a
la mesa con una comida tradicional a
base de Chanfaina y Frite Extremeño.
También por estas fechas se elabora
uno de los dulces caseros más
conocidos de nuestra comarca, los
Bollos de Pascua. Es tradición de
los jóvenes irse al campo para
celebrar el “día de los Bollos”, y
de las abuelas el mandar a los
familiares que emigraron una cajita
de cartón con unos cuantos Bollos y
Roscas de Pascua.
A partir del mes de mayo y
coincidiendo con la finalización de
la cosecha, es época de saborear los
productos de la tierra, y comienzan
a verse las primeras sandías y
melones, a acompañar una buena sopa
de tomate o patata con higos, a
probar los cardillos, las criadillas
de tierra, o las ensaladas variadas. |
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La llegada del buen tiempo es época de fiestas y
de reencuentros familiares, y de las cocinas del
pueblo salen aromas a dulces caseros, a
rosquillas, magdalenas, bizcochos, roscas y
roscones para regalar a las nuevas mamás, a
mantecados, perrunillas para comenzar con buen
sabor de boca otro ciclo anual en la comarca de
Valencia de Alcántara |