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El
más pintoresco y puro de los núcleos urbanos, rodeado de
extensos bosques de pinos a escasa distancia de la línea
fronteriza con Portugal. La carretera de acceso al
caserío, una vez pasado el Puerto de Aguas Claras,
serpentea bajando hasta la aldea a través de parajes
serranos de abrupta belleza.
Tiene 80 habitantes y su fiesta se celebra el segundo
Domingo de Julio existiendo un atractivo concurso de
corta y pela de troncos de pinos que ya es tradicional.
Tiene capilla y cuenta con dos bares y una sola calle
típica por la que corre el agua al aire, canalizada.
Pasa por él el Arroyo de Jola, de aguas portuguesas y
extremeñas |